Se va el hombre, pero el genio seguirá vivo

Ley de vida es que todos los días fallezcan decenas de miles de personas, muchas de ellas científicos, políticos, empresarios o humanistas que han pasado “dejando huella” en sus ámbitos. Sin embargo, pocas veces una sociedad se impacta tanto a nivel global y de forma tan unánime, como cuando se va una figura de la talla de Steve Jobs.

Ahora mismo, si pienso en mis últimos años de vida, tan solo recuerdo haber quedado (realmente) impactado con la accidentada muerte de Lady Di, o con la prematura y triste desaparición del malogrado Michael Jackson. No es que mi intención sea la de comparar estas personalidades con la de Jobs. Poco o nada tenían que ver sus aptitudes (y actitudes). Más bien quiero decir que la gente que les seguía con atención (y en muchos casos devoción) comparten un sentimiento de tristeza y de injusticia ante su fallecimiento, y esa misma sensación se repite ahora.

Jobs -y no pretendo el juego de palabras- no era un santo. Simplemente fue un joven visionario y ambicioso, que lo dio todo en sus años de juventud por una idea: acercar la computación al ámbito personal, humanizarla, hacerla accesible y fácil para que cualquiera pudiera usar un ordenador de forma sencilla. Quizás por ese empeño y esa obsesión con su trabajo, descuidó ciertos aspectos de su vida de los que se arrepentiría el resto de sus días; cuando su hija Lisa nació en 1978, negó su paternidad durante dos años. Y en aquella época era un tipo arrogante, duro y algo injusto con sus otros socios y trabajadores. Todavía estos últimos años resultaba algo tosco en sus maneras y en el trato personal con ciertas personas.

Sin embargo, el Jobs que hoy se ha marchado no es aquél joven descarado y agresivo de los primeros años. No es el que inventó el ordenador personal con ratón e interfaz gráfica. El Jobs que despedimos hoy es otro muy diferente, un hombre madurado y mejorado por la experiencia, que sabía ver las necesidades del presente y las hacía realidad, no uno de esos “iluminados” con suerte.

Siempre lo he pensado… ¿Por qué su (otrora) némesis, Bill Gates, ha sido tan odiado -o ignorado en el mejor de los casos- cuando consiguió logros mayores? Posiblemente, porque a Steve Jobs le apasionaba variar el rumbo de lo establecido, reinventar las cosas, enseñar el ángulo oculto, mientras que Bill Gates, siendo hoy en día uno de los mayores filántropos del mundo, siempre se conformó con reinventar la rueda una y otra vez. Y a Steve eso no le valía.

Mucho podría extenderme en esta reflexión personal sobre la cabeza pensante de Apple, porque mucho lo merece, pero no quiero verter más tinta electrónica sobre los ríos que correrán hoy. Ciertamente estoy triste, porque era de esas mentes brillantes que si hubiera vivido 80 años, nos habría ofrecido 30 años más de sorpresas e innovaciones. Y porque el tío me caía cojonudo, por qué no decirlo.

Steve Jobs ha revolucionado la microinformática, la telefonía móvil, la música digital y muchos otros aspectos de la forma en la que nos relacionamos entre nosotros, disfrutamos y trabajamos. Pero la mayoría le recordaremos por ser de los pocos empresarios que, una vez alcanzado el éxito, no se conformó con sentarse a ver crecer su fortuna. Y eso tiene mucho mérito, porque a los grandes hombres se los conoce en los momentos de éxito, cuando pueden acomodarse y abusar de su posición.

Finalizo pues, autocitando lo primero que se me ha ocurrido al enterarme de la noticia por Twitter:

Descanse en paz Sr. Jobs. Le recordaremos como un gran hombre y un visionario. Lástima que partiera tan pronto hacia una interfaz mejor.

Escrito por Jacobo Martínez, para Apple Adictos.

Y para que no nos quedemos con mal cuerpo, y veamos cómo Jobs veía la muerte, aquí os dejo con un precioso fragmento, extraído de uno de sus famosos discursos:

Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo no quiere morirse para llegar allí. Y sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así es como debe ser, porque la muerte es probablemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Quita lo viejo para que entre lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo eres tú. Algún día, no demasiado lejano, te irás convirtiendo en lo viejo y serás apartado. Siento ser tan dramático, pero es así de cierto.

Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de otra persona. No te dejes atrapar por los dogmas -que es vivir con los resultados de los pensamientos de otros-. No permites que el ruido de las opiniones ajenas ahoguen tu propia voz interior. Y lo más importante, ten la valentía de seguir a tu corazón y a tu intuición. Ambas saben de algún modo aquello en lo que de verdad deseas convertirte. Todo lo demás, es secundario.

. -Steve Jobs.

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