Steve Jobs: Un adiós al genio, al loco, al visionario, al empresario.

Los grandes hombres, y las grandes historias, se inician desde lo más bajo. Desde lo más insignificante. En los lugares más desconocidos y corrientes. Todo empezó en un garaje. Steve Wozniak y Steve Jobs, dos amigos, formaron Apple entre tornillos, repuestos, aceite y herramientas. Y cruzaron, juntos, el universo entero. Ya lo decían Los Beatles. Hoy, nos abandona una figura irrepetible. Un empresario. Un genio. Un loco. Un hombre que pensaba diferente.

Hoy es un día aciago. Triste. Difícil de digerir. Steve Jobs nos abandona para siempre. No importa si tienes uno de sus productos. No importa si adoras o no a Apple. Si lo has conocido en persona, o no. Si has tenido la oportunidad de trabajar con él. Si lo has visto alguna vez por televisión o en fotografías. No importa. No importa, pues Steve Jobs nos rodea. A todos. Steve Jobs ha cambiado la humanidad. Ha cambiado la forma de entender todo aquello que nos rodea. Ha cambiado la forma de comunicarnos. De trabajar. De entender el mundo. Ha marcado su historia de una forma tan profunda, que muchos no son conscientes.

Comprender e intentar condensar una figura tan grande como él en unas pocas líneas, es algo tan difícil, como imposible. Da lo mismo que intentemos repasar su carrera, sus logros, sus inventos o sus frases. Steve Jobs era una idea en si misma. Era un motor de cambio. Era un loco. Una de esas personas que aparecen cada cierto tiempo en nuestra sociedad, e impulsan cambios. Personas que rompen lo establecido. Personas que luchan contra las normas. Personas que marcan un punto y aparte en lo conocido y utilizado. Personas rebeldes. Personas amadas por unos, odiadas por otros. Personas que piensan diferente. Genios. Locos.

Steve Jobs deja un legado. Incalculable. Imposible de abarcar. Y van más allá de los iPhone, iPad, iPod o Macs que portamos, utilizamos y amamos. Sus diseños, sus pensamientos o su filosofía (así como la de Apple, empresa la que irá siempre ligado), trascienden mercados, empresas y productos. Trascienden incluso, a las mismas personas. Muchos de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido tocados, impulsados o bendecidos por sus ideas. Por sus lecciones. Por su vida.  Por sus logros. Él nos motivó a movernos, a seguir luchando, a cambiar el mundo. Su legado también vive en nosotros.

 

Ahora tenemos una responsabilidad enorme sobre nuestros hombros. Debemos continuar con aquello que nos descubrió. Con aquello que nos ha dejado en nuestras manos. Con sus ideas, con su forma de ver la vida. Debemos ver más allá de su persona. Debemos quedarnos con todo lo es ahora su herencia. Nuestra herencia. Al igual que cientos de figuras de la literatura, la ciencia o la política, su fuego, y por ende, su testigo, pasa a nosotros. A toda una generación que ha nacido y crecido con él. Es nuestro momento. Es nuestra hora de cambiar lo establecido. De pensar diferente. De cambiar el mundo.

No quiero despedirme de él. No puedo. Y sería absurdo. No quiero hacerlo, porque tengo el convencimiento de que jamás lo olvidaré. Pero lo dejaré ir, pues debemos seguir moviéndonos. Mirando siempre hacia adelante. Levantándonos cada día con la esperanza de que Steve, seguirá ahí. Lo dejaré marchar. Pero no lo olvidaré. Jamás.

Recordarlo. Siempre.

Permanecer inquietos. Seguid aprendiendo. Y pensando diferente. Es momento de hacer el mejor de los homenajes. El de continuar tu legado.

Descansa en paz, Steve. Gracias Steve. Gracias por todo.

Alberto González

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